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Lo he hecho de espelta 100%.

He puesto 390g de masa madre (aunque originalmente era de trigo, la he ido refrescando con harina blanca de espelta del Rincón del Segura), 455g de agua, 780g de harina y 19,5 de sal rosa del Himalaya.

Al empezar a amasarlo, después de poco más de una hora de autolisis, parecía que la masa resultaba más pegajosa que una masa de trigo pero en dos vueltas de amasado francés ya empezaba a responder divinamente.

Ahora está en un bol enaceitado dispuesta a dormir en la nevera. Me voy acordando cada 2 horas más o menos de hacer los doblados que le vienen también a las levaduras para que coman rico, rico. Espero acordarme de doblarla por última vez antes de irme a dormir y darle la vuelta a la masa.

Me acordé de doblarla y la dejé en la nevera hasta hoy a las 12 del mediodía, aproximadamente. Decidí hacer 2 hogazas.

Después de preformarlas y formarlas con un buen boleado, creando tensión, las puse en sendos banetones.


 

Ya horneadas y casi frías, las probamos. Uno de mis hijos dijo: “Es pan de masa madre, no me gusta”. (Soso). El otro dijo: “Mamá está más rico que otras veces” (Que majo). Y a mi me pareció que la textura de la miga era muy parecida a la de un buen pan de trigo.

He regalado medio pan a una buena amiga y otro medio pan a una buena vecina. Las dos han tenido algo que ver en la preparación de estos panes y a las dos les han encantado.

¡Que gusto compartir mi buen pan! El resto me lo comeré yo con mis polluelos, bueno sólo con uno, que al otro no le gusta y el polluelo grande está fuera del nido. Marcelina hubiera hecho lo mismo si sus amigos la hubieran ayudado a hacer su buen pan.